En los 60 Finlandia tenía dos sistemas educativos paralelos
tras la primaria. Los jóvenes más brillantes iban por un camino mientras que
los que se quedaban atrás iban por el otro. Las reformas empezaron en 1968 en
favor de un sistema único nacional. Aun así las cosas no salían bien “Al
principio no estábamos contentos en absoluto”, dice Reijo Laukkanen, consejero
en la Junta Nacional de Educación en Finlandia.
En los 80 Finlandia dejó de dirigir a sus alumnos a carreras
más matemáticas o más humanísticas dependiendo de sus habilidades. “La gente en
Finlandia no puede estar dividida por cuán inteligentes son“, dice Lukkanen.
“Ha sido muy beneficioso”. En la siguiente década, en los 90, hubo inspectores
que supervisaban planes escolares anuales. Los colegios eran tan hostiles que a
los inspectores les asustaba hacer visitas a los centros.
“Finlandia es una sociedad basada en la igualdad”, dice
Kukkanen. “Japón y Corea son sociedades altamente competitvas – si no eres
mejor que tu veceino, tus padres pagan para poder mandarte a la escuela
nocturna. En Finlandia, superar a tu vecino no es muy importante. Todo el mundo
está en la media, pero la media está muy alta”
Este principio ha llevado a Finlandia a ser un país que
logra mucho más de lo esperado en educación. En el estudio PISA de 2006, los
peores estudiantes de Finlandia lo hicieron un 80% mejor que la media de los
peores de los países del OECD, un conglomerado de 25 países industrializados y
democráticos. Los mejores estudiantes de Finlandia, por otra parte, lo hicieron
sólo un 50% mejor que la media de los mejores estudiantes. La conclusión es que
elevar la media desde abajo ha tenido un efecto muy profundo en el restulado total.
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